Mucha gente compra todo lo que le venden. Los medios no pueden perder y deben magnificar cualquier cosa con tal de que su publicidad sea eficaz. En el fútbol es igual y cada día que pasa es más evidente. Por ejemplo, de la semifinal y final del FPC se han dicho maravillas. Umaña un gran técnico y motivador, García el más táctico, y gran parte del país futbolístico lo cree. Uno de los dos quedará campeón, será propuesto para la selección Colombia y los equipos grandes del país. Su manera de jugar será ponderada en Internet, radio y televisión. La realidad, la final es el corre corre de Umaña contra los picapiedras de Alexis. Comparativamente con lo observado en torneos internacionales como la Copa Libertadores y la Champions League, ni uno ni el otro sobreviven una primera ronda. El fútbol mostrado por ambos equipos es paupérrimo desde todo punto de vista. Obviamente la gente se emociona viendo los pispirispis de Giovanni Hernández y a los ñeros corriendo desesperadamente por el terreno de jueg0, y creen que eso es fútbol bien jugado. También que echarse atrás a esperar y dar leña para luego contragolpear tímidamente es algo que ganará de nuevo la Copa Libertadores para algún equipo colombiano, cuando recientemente, y por la misma razón, la CONMEBOL decidió darle valor a aquellos que salen a atacar y no a colgarse de los palos cobardemente.
No sería grave que esto quede como premisa para dos entidades privadas como Junior y Equidad, el problema es que se extrapola sin un análisis concienzudo a la selección mayor, y para los hinchas más desprevenidos, al Deportivo Cali. En Colombia se vio en el reciente partido de fogueo contra Sudáfrica. Los comentaristas no dejaron de echarle flores a Giovanni Moreno, que al igual que en el FPC, estuvo más en el suelo que distribuyendo juego o creando peligro. Javier Hernández Bonnet, que después de Esteban Jaramillo, es el lamezuelas más descarado del periodismo deportivo "especializado" nacional, no se quedó con nada y ponderó el cobro de tiro penalti de "Torombolo" como si fuera la tijereta de Negrete en el Mundial de México. "¡Qué categoría para cobrar la pena máxima! ¡Qué amague el que hizo para distraer al arquero!" Y obvio, hay quienes le compran a Hernández Bonnet, siendo ese un partido amistoso, donde no se juega nada y la presión del cobro es inexistente. Lo hubiera podido botar con casi ninguna consecuencia, pero hacerlo no significa que "Torombolo" es mejor que Zico, Platini, Maradona o Baggio, quienes cometieron el pecado de errar penaltis en instancias definitivas. A ningún jugador lo contratan para cobrar penas máximas. Al fin y al cabo, esto no es fútbol americano. También se sobredimensiona la actuación de Adrián Ramos, porque dizque luchó. Un jugador que descendió al Hertha Berlin, convirtiendo 5 goles en los últimos 6 meses, por lo menos 3 de ellos enteramente decorativos. Y así para varios otros.
Hernán Darío Gómez dio las explicaciones del caso, todas muy flojas, las mismas de antes como diría Jaime Garzón: "Que esto es un proceso, que estamos aprendiendo, etc.". Sería absurdo que Gómez no clasifique a Colombia al Mundial de 2014, con los mismos cupos y sin Brasil en la competencia. Pero no hay que descuidarse, porque de seguir comprando propaganda, el país futbolístico pensará que Colombia es más que Perú, Ecuador y Venezuela, naciones que han mostrado mucho más en torneos internacionales recientes que los del FPC.
Queda el Cali. Seguramente un sector de la hinchada pedirá al técnico ganador del FPC, sea García o Umaña para el banquillo del Superdépor. Algo usual, porque la moda no incomoda. Unos pedirán que Umaña les enseñe a los pelaos a correr desaforadamente y que peguen con mala intención, como suelen hacerlo sus equipos. Otros querrán el murciélago y los picapiedras de Alexis. El afán de títulos nubla la visión, la objetividad, en un equipo que exige juego ordenado, vistoso y leal. Y es que el FPC despista mucho. Desde Víctor Luna, hasta Jaime De la Pava, técnicos medio0cres, han logrado títulos. De la Pava incluso levantó 3 trofeos de liga. Pero al ver sus actuaciones en torneos internacionales, la realidad se vuelve evidente. No tienen la pasta para dirigir un equipo que por su historia y filosofía debería pensar en grande.
En el ojo del Huracán, el Centro de Gestión Deportiva. Conformado por la nueva Junta para definir los derroteros futbolísticos del Glorioso. En materia de orientación hacia la hinchada está fallando. No hay un consenso sobre lo que se debe traer en cuestión de refuerzos. Existe la campaña de traer dos 10 clásicos, un esquema obsoleto en más de medio mundo hace como 20 años. En consecuencia, no sería raro que algun sector de la afición azucarera, probablemente los más veteranos, pidan que vuelva el esquema de 5 delanteros, como en épocas del legendario Rodillo Negro. En la mediocridad del FPC, cualquier cosa es posible, y con dos 10, cinco delanteros, corre corre, picapiedras o demás inventos de los equipos locales se puede lograr la estrella. De ahí, el atraso tan dramático en el rentado nacional, y que la prensa sigue vendiendo como la identidad, la sensibilidad del jugador colombiano, la que entiende el hincha. Es hora de voltear la página y volverse serios.
El Cali necesita reorganizar su defensa. Un central con experiencia, un líder táctico que todavía esté vigente; un 5 que tenga quite y manejo y un volante veterano que pueda cerrar partidos, meterlos al congelador o calmar los ánimos cuando el equipo está desesperado. No necesita más, no hay que traer cometas del extranjero, jugadores sin presente. Hay que armar una columna vertebral sólida y rodearla de lo que hay en el semillero y de jugadores rendidores. Aceptando las sugerencias de Cruz y Arboleda, pero a la vez orientándolos porque, a pesar de ser de la casa, conocer la entraña del Cali y su sentimiento, son técnicos que apenas empiezan en la liga profesional y necesitan colaboración. Tampoco se les puede dar carta blanca, error que ya debió aprenderse de la era Bernal y que fue advertido en la Cultura Alternativa.
¿Cuáles deben ser los nombres? No importa, lo que interesa es que se copen las posiciones importantes. Además, hay llenarse de paciencia. En la era Otoya la hinchada aprendió que las contrataciones no estaban definidas hasta que el jugador estuviera entrenando en Pance. Con la Junta Sancochera, la situación cambió drásticamente después del caso Gonzalo Cabrera. No hay seguridad de que un refuerzo esté oficialmente en el Cali hasta que juegue un partido de liga o copa o, si no juega, que se lesione con la camiseta verdiblanca. No vale la pena entrar en el juego de la prensa y el mismo Comité Ejecutivo sobre los refuerzos. Hay que esperar qué llega y ver su desempeño en la cancha. Rogando que no existan cometas y que el Centro de Gestión Deportiva sirva para algo más que dar charlas "educativas" entre semana.
En este momento, más que los nombres, los socios deben vigilar el proceso de contratación. Después de pasadas experiencias con las adquisiciones de Ernesto "Nayar" Roa y las pifias de Celín, no queda de otra. La sensación es que existen intereses particulares y por eso no se puede bajar la guardia. La afición no puede continuar ilusionándose al vaivén de las maniobras de distracción de la prensa y el Comité. La hinchada azucarera es diferente y debe vacunarse contra el contagio por la fiebre del humo.
Temas propuestos
1. ¿Cuál debe ser la actitud de socios e hinchada sobre la conformación del Deportivo Cali II-2010?
2. ¿El hincha del Cali sigue comprando humo? ¿Se conformó con la mediocridad del FPC?
3. Comentarios generales sobre la entrada.
Obelisco
Imágenes cortesía de terra.com.co, futbolsiemprefutbol.com y radiosantafe.com